miguel bravo tedínViajó expresamente desde La Rioja para contar sus historias del barrio Clínicas. Este barrio que se formó, forjó y lució su ostentación bohemia gracias a este querido y viejo hospital.

Miguel Bravo Tedín, historiador, hombre de letras y de buenas palabras, aún usando las “malas” con su ironía y sutileza, sedujo al auditorio que llenó el Aula Magna del Hospital.

Los anteojos que lo ocultan, no pueden esconder al Bravo Tedín, a este relator de las historias del barrio que fue atesorando en fichas, desde hace décadas, para sostener la memoria colectiva de un tiempo que pareciera, ya pasó.

Con humor, sarcasmo, críticas sutilmente disfrazadas de equívocos, desanduvo décadas de nuestra Córdoba, enmarcado en un relato agudo y memorioso dónde el hospital de Clínicas, con estudiantes, médicos, crónicos históricos, dieron pasión a estas cuadras de vida estudiantil, dónde no sólo se estudiaba, sino que se vivía la bohemia irrepetible de décadas anteriores.

Para este Bravo Tedín, el hospital de Clínicas generó una historia única con exagerada originalidad que no ha existido en el mundo. La comunión de profesores y alumnos, la solidaridad para los estudiantes de bolsillos flacos y esperanzas largas, los amores forjados con estetoscopios, las picardías de los estudiantes eternos y las mujeres generosas que los sostenían a fuerzas de promesas anotadas en libretas de almacenero, que mes a mes volvían a iniciar.Bravo Tedín, Vicerrectora y Decano

Allí, en este pedazo de memoria que rodea al Clínicas, a metros de la estatua de Cognini, se realizó el encontronazo de la amistad, la tercera fundación de Córdoba, hitos de audacia y sacudones a los adormilados contemporáneos, que los últimos bohemios hicieron para demostrar que se puede, siguiendo los pasos de los antecesores, ser parte vital de un hospital escuela, sumando la magia que se dispersó a otros centros urbanos.

El Bravo Tedín, que recibió en reconocimiento a sus investigaciones y escritos sobre el barrio Clínicas, la primera medalla del centenario, aceptó, con sus marcadas ironías, que lo defienden de las emociones, este reconocimiento, para partir nuevamente a La Rioja.

El Centenario hospital, recibe, cada día, su merecido homenaje.